Fotografia tomada por ahi el 2006 cuando estaba recien empezando a fotografiar matrimonios profesionalmente y facebook me la recordo hace unos dias

Cuando una fotografía se convierte en memoria

Cuando fotografío una boda, sé que estoy fotografiando un día importante. Lo que no puedo saber es cuánto van a valer esas fotografías dentro de diez, veinte o cuarenta años. Pero puedo imaginar que mucho

Roland Barthes, (escritor, crítico, semiólogo y teórico francés) en La cámara lúcida, escribió sobre una idea que siempre me ha parecido profundamente ligada a la fotografía: una fotografía nos dice que eso estuvo ahí. Esa persona estuvo frente a la cámara y toma más peso cuando ya no está esa persona en este plano. Suena obvio pero filosóficamente hablando tiene su peso

Barthes escribió parte de estas reflexiones después de la muerte de su madre, buscando entre sus fotografías no simplemente cómo se veía, sino una imagen en la que pudiera reconocer verdaderamente quién había sido ella. Lo que él llama punctum, que es lo no visible racionalmente de la foto, osea no es lo que socialmente tenemos arraigado, un abrazo,situación de amor filial, un niño que produce ternura etc. (eso es el studium) el punctum es lo que a nosotros nos llama la atención, nos conecta con la foto, que no es explicable y que para cada uno es diferente y generalmente no se puede explicar

Eso me hace pensar mucho en mi trabajo.

En una boda fotografío a los novios, por supuesto, un padre abrazando a su hija, los abuelos conversando, una madre arreglando un vestido, unos hermanos riéndose, un niño corriendo entre las mesas. Fotografías que el tiempo puede convertir en las más importante, pero que fundamentalmente cada uno va a ver distinto, eso hace que idealmente,los novios tengan una coneccion con el fotógrafo, que lo conozcan antes, que el fotógrafo los conozca y sepa de ellos, no es necesario llenar un cuestionario ni dada por el estilo, tomarse un café conversado ya es un buen inicio y que veas el trabajo del fotógrafo y realmente te conectes con sus fotos, más allá si el valor del servicio es alto o bajo, obviamente tienes un presupuesto destinado, pero con ese presupuesto busca al fotógrafo con el que conectes. Se que diciendo esto, no por nada malo, pero puedo tal vez perder algún cliente que no conecté totalmente con mis fotos, pero a la vez me deja tranquilo de que los que me contraten hayan visto mis fotos y les hagan sentido.

Volviendo a la idea inicial:

El tiempo reorganiza el valor de las fotografías.

Por eso, después de más de veinte años fotografiando matrimonios, entiendo cada vez más una boda como un archivo afectivo de una familia. Mi trabajo mezcla una mirada documental con fotografías más dirigidas y editoriales, pero en ambas busco lo mismo: estar presente, observar y reconocer aquello que merece permanecer.

Porque las fotografías tienen una segunda vida después de que las entregó.

Se miran, se comparten, se imprimen y, años después, se vuelven a encontrar. Por eso también insisto en algo mucho menos romántico, pero igual de importante: hay que respaldarlas. Guardarlas en más de un lugar. Imprimir algunas. Hacer un libro. No confiar la memoria de una familia únicamente a un teléfono, un computador o una nube que algún día podamos dejar de usar.

Una fotografía profesional no termina cuando la entregamos. En cierta forma, ahí comienza.

Quizás dentro de treinta años alguien abra un libro de matrimonio y encuentre allí a una persona que ya no está. Y entonces esa fotografía dejará de ser simplemente una buena foto de una boda.

Será otra cosa.

Será memoria, ausencia, afecto.

Será la posibilidad de mirar y decir:

esto ocurrió. Esta persona estuvo aquí. Nos miramos así. Nos quisimos así.

Por eso para mí fotografiar una boda nunca ha sido solamente fotografiar un día.

Es fotografiar el presente pensando también en la memoria.

 

 

Daniel H el 8/8/2026